Cumbre de Copenhague: ¿Caridad o solidaridad con los pobres?

Tema en 'Foro Libre' iniciado por Swiss, 13 Dic 2009.

  1. Swi

    Swiss
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    Bruselas.- "Trade, not aid" (Comercio y no ayudas). El lema adoptado por los países pobres del globo en los años sesenta para reclamar un auténtico movimiento de solidaridad entre el mundo rico y el mundo en desarrollo, se vuelve a poner de moda, justamente hoy, al cierre de la última cumbre europea bajo presidencia semestral sueca de la Unión Europea.


    La "oferta" de los ricos de Europa es poner a disposición de las naciones en vías de desarrollo (entre 2010 y 2012) 2.400 millones de euros anuales (de los cuales España contribuye con 125 millones anuales) en los tres próximos años.


    Se trata de ayudarles a transformar sus obsoletas y altamente contaminantes industrias, muchas de ellas rémoras de un pasado industrial periclitado. No obstante, esta "dádiva" política se queda a medio camino entre la auténtica solidaridad, una "caridad" más o menos interesada y la amenaza latente de un planeta cada vez menos azul y cada vez más cuarteado por la sequía.


    "Los riesgos (para el planeta) son de envergadura y el tiempo de reacción es breve. La cumbre de Copenhague no se puede saldar con un resultado de mínimos, eso sería imperdonable", alertó esta tarde el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la rueda de prensa final del Consejo Europeo de Bruselas.

    En realidad, la utilización de la palabra "oferta" implica, en ella misma, una carga subjetiva que no es del todo correcta. No se trata aquí de solidaridad, sino de "obligación" europea con el hemisferio más pobre del mundo, el que más dificultades tiene para transitar definitivamente desde una industrialización incontrolada y anacrónica a una época más ecológica basada en las energías renovables y sustentables.


    Por eso, la reacción hoy de la UE era obligada. Los países en vías de desarrollo, entre ellos Brasil o la India, habían amenazado con hacer naufragar la cumbre mundial sobre el clima de Copenhague si los países ricos (la UE, Estados Unidos y Japón, fundamentalmente) no les ayudaban -con dinero fresco- a luchar contra las emisiones de gases de "efecto invernadero" (básicamente el dióxido de carbono, C02) que agujerean cada día la atmósfera como un gigantesco coladero.


    Conscientes de ello, el primer ministro británico, Gordon Brown, y el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, tomaron la iniciativa y se arroparon juntos en Bruselas con la bandera del ecologismo. El tándem franco-británico fue el primero en anunciar que la "oferta" que el bloque comunitario hará al "Tercer Mundo" la semana que viene en Copenhague será de 2.400 millones de euros anuales (por tres años).


    La cantidad puesta sobre la mesa (en realidad se trata de un fondo voluntario), afirmaron, "es esencial para demostrar a los países en vías de desarrollo que somos serios cuando pedimos un acuerdo internacional sobre cambio climático".


    La situación está muy clara: sin dinero para los países en vías de desarrollo, la cumbre de Copenhague, que pretende sentar las bases del mundo "post Protocolo de Kioto" será un fracaso sonado.


    En realidad, la cantidad total estimada para que los países en vías de desarrollo puedan emprender una cruzada -creíble- contra el calentamiento global está estimada en 100.000 millones de euros anuales (160.000 millones de dólares anuales), al menos hasta 2020.
    Los "ricos" han dado ahora a los "pobres" un primer empujón, un fondo de "lanzamiento" para que en los tres próximos años inicien las reformas necesarias para la "transición verde", un viaje virtual desde un pasado tóxico hasta un futuro sustentado en bases radicalmente diferentes al mundo "post era industrial".


    Fue el presidente francés (que en su país batalla por aplicar la polémica "tasa carbono") quien admitió hoy en Bruselas que sin una financiación suficiente para los países pobres "no habrá acuerdo en Copenhague". "Lo que costaría más caro sería el inmovilismo, lo que sería un drama es el fracaso", agregó en rueda de prensa.


    La UE se ha erigido en adalid de la lucha contra el cambio climático al anunciar, hace ya casi dos años, su objetivo de "triple 20" (20-20-20). El bloque quiere reducir sus emisiones de C02 en un 20 por ciento respecto a 1990 para 2020 y pretende que en esa fecha el 20 por ciento de las energías que se consuman en el bloque proceda de fuentes renovables.


    Incluso, tal como defendieron hoy Brown y Sarkozy, el bloque estaría dispuesto a llegar a un 30 por ciento de reducción de emisiones nocivas si el resto de grandes potencias contaminantes, entre ellas Estados Unidos o China, acompañan su esfuerzo.


    Pero en el delicado asunto de las contribuciones financieras, la UE no ha mostrado hoy su cara más "amable". Hasta última hora, los jefes de Estado o gobierno de al menos cinco socios comunitarios se resistían ferozmente a abrir sus carteras.


    En esta pugna de solidaridades asimétricas, no todos los socios europeos estuvieron dispuestos a echar mano al bolsillo.
    Como si fuera una colecta realizada en directo para la televisión con fines benéficos, los 27 pelearon hasta el último segundo para intentar no pagar y que el esfuerzo de la "factura" fuera para el vecino más rico.

    Entre los campeones de la generosidad figura el "eje" franco-alemán, con -cada uno- una aportación de 1.260 millones de euros anuales hasta 2012.


    fuente: http://www.milenio.com
     

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