Dentro de la extraña mente de Hugh Laurie

Tema en 'Foro Libre' iniciado por DarkProsXD, 11 Abr 2009.

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    Está lloviendo en Los Ángeles. A pesar de ello, Hugh Laurie arriba al moderno Chateau Marmont Hotel en su moto. Llega vestido con chaqueta de cuero y llevando su casco.
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    “En Londres, consideraríamos a éste, un día hermoso”, dice Laurie, que representa al cascarrabias Dr. Gregory House en Dr. House, la exitosa serie de Fox. Se pasa las manos por su pelo desordenado, solo para despeinarse un poco más. “Es mejor que piense que vine en mi moto. Si llegara con este casco en auto, pensaría que soy un conductor timorato”.

    Admite que “conducir mi motocicleta por L.A. es como jugar mi propio video game”. “Pero a diferencia de muchos al volante, me ocupo de llegar sano y salvo a mi destino. La mayoría de la gente conduce maquillándose, enviando mensajes de texto y apreciando la belleza del auto de adelante”.

    ¿Nunca tiene miedo en las calles congestionadas?

    “Oh, estas cosas nunca me preocupan”, dice Laurie. “Soy una persona sin complicaciones. Mis miedos se centran en olvidar mi papel o en hacer el ridículo. Como muchos ingleses, me suelo avergonzar, tengo terror a que todos se estén riendo de mi, a aparecer como un idiota. Creo que este tipo de cosas nos paraliza a todos”.

    Hugh Laurie puede ser considerado el colmo del pesimista. No es necesario conversar mucho con él para darse cuenta de que va por la vida viendo su vaso medio vacío. ¿Quiere alterarlo y desestabilizar su correcta y elegante discreción inglesa? Solo hágale un cumplido. Las alabanzas lo desestructuran totalmente.

    Cuando le menciono sus grandes dotes para el humor, Laurie responde: “Fíjese que no creo ser divertido. Creo que soy más bien serio, en realidad. Además desconfío de la diversión. Ni siquiera sé qué es, cómo se trata con ella o cómo se la genera. Ese mi defecto. Sé que es una carga para la gente que me acompaña. Es tedioso”.

    La estrella, de 49 años, ganó ya dos Globos de Oro y fue nominado para tres Emmy. Hasta es considerado un símbolo sexual. En 2007, venció a un conjunto de apuestos actores, más jóvenes que él, en la entrega de los Teen Choice Awards.

    Laurie describe este halago como “cierta clase de tortura”. Su otro yo en la pantalla chica, el Dr. House, probablemente especule con que su miedo a la aprobación pública tenga su origen en su crianza. Laurie está de acuerdo.

    “En el hogar del que provengo, la humildad era considerada una gran virtud”, analiza. “No se toleraba ninguna muestra de complacencia ni de auto satisfacción. Unas palmaditas en la espalda eran mal vistas y el placer o el orgullo podrían ser condenados a muerte”.

    El padre de Laurie fue un médico muy respetado. Murió en 1998. A Hugh le hubiera gustado que conociera sus logros. “Creo que estaría muy orgulloso”, dice el actor con tranquilidad. “Pero gané, como falso doctor, muchísima más plata que mi padre trabajando duramente”.


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    La madre de Laurie, quién falleció antes de que él cumpliera los 30, crió cuatro niños. Hugh eran mucho más joven que sus hermanos y eso le hizo sentirse distanciado de ellos. “Admiraba a mi hermano y hermanas porque eran mucho mayores”, dice. “Parecían mucho más maduros, es decir, más sabios. Para mí, tenían todas las respuestas. Yo sentía que era el único que tenía problemas”. Se reclina en la silla para darse tiempo para pensar. “La versión de ellos es que para mí todo fue muy sencillo”, agrega. “No sé quién de nosotros está en lo cierto”.

    “Me arreglé más o menos solo”, continúa Laurie. “Como muchos niños que todavía no encontraron su lugar, desarrollé una intensa vida de fantasía, que todavía me acompaña”. Se ríe. “¿Qué haría sin ella?”

    El don de la fantasía lo acercó al entretenimiento. En la Universidad de Cambridge comenzó a pulir sus cualidades de actor y esto lo llevo a asociarse con éxito con un actor y autor amigo, Stephen Fry. Hizo algunas comedias en la TV inglesa y luego trabajó en películas. Lo reconocerá en el papel del padre en cada uno de los tres episodios de la película Stuart Little. Laurie también tiene una banda de rock y escribe novelas. La fama le arrimó trabajo extra: hizo la voz del Dr. Cucaracha en la reciente película animada Monster vs. Aliens. Laurie bromea sobre cómo obtuvo su papel. “Puedo imaginar la situación”, dice. “Tenemos una cucaracha. ¿A quién podemos darle el papel? ¡Lo tengo! Hugh Laurie”.

    Pero es cuando tomó el papel protagónico en Dr. House en 2004 que su nombre se hizo muy conocido. Al momento de mudarse a Los Ángeles para filmar la serie, sus tres hijos tenían la edad en la que cualquier cambio escolar les hubiera resultado perjudicial. Por ello su esposa, su hija y sus dos hijos se quedaron en Inglaterra y han hecho frecuentes viajes en uno y otro sentido. Aunque Laurie solo tiene elogios para Jo Green, su esposa durante los últimos 20 años, prefiere evitar que se hable de su familia. Ellos le han dicho que se sienten avergonzados cuando él revela demasiado.

    Hugh Laurie discusses a rumored death on House

    Habló, no obstante, francamente sobre su batalla contra la depresión, por la que buscó ayuda en 1996.

    “Preferiría callarme sobre esto”, dice Laurie. “Ese es un ejemplo de mí dejando abiertas las puertas confiadamente para bajar luego las escaleras y descubrir a la TV yéndose. Se le ha dado un peso excesivo a este aspecto de mi vida”.

    “No quiero que se piense de mí como ese muchacho que no tiene otra tema del que hablar que de su mala suerte”, continúa Laurie. “Y, por supuesto, la gente responde a ello de maneras extrañas: “Es increíblemente afortunado. ¿De qué se tiene que quejar?” Recuerdo, una vez, ver a Mel Gibson en un show de TV en el que le preguntaron si creía en la vida después de la muerte. Gibson respondió: “Bueno, no puedo creer que esto sea todo”. Y yo pensé: “Espera un minuto. Tú eres Mel Gibson. Tienes millones de dólares. Eres un tipo muy apuesto bendecido como casi ningún otro. ¿Y esto no es suficiente?” Por eso es que dudo tanto de hablar sobre cualquier dolor que tengo. A veces me digo: “Por Dios, Hugh, cálmate”.

    “Por otro lado”, agrega Laurie: “Sé que la depresión es una enfermedad. Los que trabajamos en Dr. House nos sentimos orgullosos de apoyar a la Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales (NAMI, en inglés). Hemos generado un poco de atención para su causa. Cosa curiosa, es el último gran tabú, algo sobre lo que la gente todavía no quiere hablar”.



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    La conciencia que ganó, no le alcanzó para desterrar su actitud auto denigrante.

    “Supongo que estoy intentando exorcizar algo anticipándome al desastre", dice. “Quizás estoy alentando a los dioses para que me traten bien, pues bastante me castigo yo mismo. No necesitan ensañarse conmigo. Ya he probado lo peor antes de que suceda”.

    ¿Cómo puede alguien que se tiene tan poca simpatía, aceptarse y quererse? Laurie no tiene una respuesta rápida.

    “Simplemente no lo sé”, finalmente responde. “Deberé gastar muchos más miles de dólares en psicoterapia para hallar realmente una respuesta. Es una buena pregunta”.

    Le tuve que preguntar qué piensan sus hijos de sus sistemáticas expresiones de inseguridad.

    “Mis hijos me aguantan como soy”, dice. “Son muy concientes de mi forma de ser tan particular. Gracias al cielo no han adquirido mi actitud depresiva. Para ellos, soy un cuento con moraleja. Me miran y dicen, “Al infierno con esto. No pienso vivir así”. Mejor para ellos. Debo confesarle que mi mayor placer, lo admito, es elogiarlos. Mis hijos son realmente perfectos".

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    “Estaba muy, muy perturbada por el hecho de que tenía que hacer algunos grandes cambios en mi vida para poder ser yo misma, pero bajo esta suerte de estandarte de estrella de cine”, dice Winslet. “Fue un equilibrio muy difícil de encontrar. Ahora siento que lo tengo. De hecho, creo que lo tengo hace tiempo. Y eso principalmente tiene que ver con mi increíble esposo”.

    Winslet y Mendes se casaron en 2003; el hijo de ambos, Joe, nació a fines de ese mismo año, y la hija de Winslet vive con ellos. “Tener hijos pone el mundo entero en perspectiva”, dice. “Todo lo demás simplemente desaparece. Lo que quiero para mis hijos es que puedan mirar al pasado y me recuerden en la cocina preparando la comida para que lleven al colegio, en el camino a la escuela, o tomando un autobús. Quiero que recuerden esas cosas, porque esas son las cosas que yo recuerdo de mi infancia y que han sido muy importantes para mí. También pienso que esas son las cosas que los chicos necesitan para convertirse en chicos normales. No quiero que sientan que son distintos al resto por mi trabajo o por el de Sam”.

    Lo que ella quiere darle a sus hijos fue lo que ella tuvo: una familia firmemente conectada con la realidad. Su padre era actor y los padres de su madre dirigían una compañía de repertorio. “Nunca tuvimos dinero”, dice. “Realmente me crié en un mundo de actores que trataba de salir adelante y que lo hacían porque amaban su trabajo”.

    Aunque a los Winslet les apasionaba la actuación, no se hacían ilusiones con ella.

    “Siempre nos dijeron: ‘Muy bien, si esto es realmente lo que quieren hacer, está bien. Solo sepan que no va a ser nada fácil’”, cuenta Kate. “Siempre nos decían: ‘Quizás no lo obtengas, pero da todo de ti. No tienes nada que perder. Solo trabaja duro y sé tú misma’. Eso era lo principal: ‘Sé tú misma. No trates de ser como la chica que está adelante tuyo en la fila. Sé tú misma’”.
     

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