El caso de la vampira del Raval cumple 100 años

Tema en 'Curiosidades' iniciado por Jes5888, 27 Feb 2012.

  1. Jes

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    El hombre del saco, antaño protagonista de numerosas pesadillas infantiles, tiene su versión barcelonesa: Enriqueta Martí, una de las criminales más cruentas de la historia de la ciudad. Secuestradora, proxeneta, pederasta y asesina de menores, son algunas de las acusaciones que pesan sobre ella. Pero a diferencia del hombre del saco, en este caso el personaje existió y sembró durante años el horror entre los vecinos del barrio del Raval, los cuales la bautizaron como “La vampira del carrer Ponent”.
    Enriqueta Martí decidió dedicarse a la prostitución antes de cumplir los 20 años, después de hacer de criada en algunas casas bien. Solía dejarse ver por la Puerta de Santa Madrona. El único periodista vivo que entrevistó a diversas personas que la conocieron de primera mano, Sebastià D’Arbó, la describe como una persona “agraciada, de voz dulce, fascinadora, parecida a una hechicera”.
    Pese a su oficio, decidió casarse con un pintor, Juan Pujaló. La relación duró diez años, durante los cuales se separaron en diversas ocasiones. La última, un lustro antes de que se descubriera la verdadera naturaleza de Martí, a la que el contexto social de la época ayudó a perpetrar sus crímenes. “Barcelona estaba llena de niños pidiendo, era un caldo de cultivo para Enriqueta Martí y su gran negocio: la venta, principalmente, de sangre", explica Fernando Gómez, autor de El misterio de la calle Poniente, novela basada en los hechos acaecidos el 27 de febrero de 1912, recogidos en La Vanguardia.
    En aquella época todavía no se había descubierto la penicilina, y la tuberculosis aumentaba de manera alarmante entre la población. Existía la creencia que la sangre servía para combatir esta y otras enfermedades, como la anemia. Y es por este motivo que, según Gómez, la venta de sangre, "posiblemente de niños”, circulaba por toda la ciudad. "Enriqueta Martí no creó nada, simplemente vio negocio”. Tres años antes habían salido a la luz los famosos crímenes de Gádor, en los que un niño fue sacrificado para vender la sangre al rico del pueblo que padecía tuberculosis.
    Cómo Enriqueta Martí pudo cometer sus crímenes
    En estos menesteres parece ser que también andaba la vampira del Raval. Apenas tres años después de la Semana Trágica, los rumores sobre la desaparición de niños y niñas en Barcelona empezó a coger fuerza y fue extendiéndose por calles y plazas. El gobernador civil de entonces, Portela Valladares, trató de convencer a los vecinos que el rumor era completamente falso, pero llegó un día en que la verdad se impuso: el 10 de febrero Teresita Guitart desapareció de la calle de San Vicente mientras su madre se había distraído charlando con una vecina. “En aquel momento apareció Enriqueta y le dijo: ‘¿Quieres un caramelo?’, y acto seguido le puso un pañuelo con olor a una planta somnífera, la atontó, lo suficiente para taparla con una capa y hacerla desaparecer por un callejón”, relata D’Arbó.
    Los crímenes de Enriqueta Martí sucedieron en un ambiente miserable. En la plaça del Padró confluían muchas callejuelas, era el lugar donde los niños del vecindario solían jugar. Cuando anochecía, y al no haber todavía luz eléctrica, la plaza se convertía en un sitio idóneo para que la vampira cometiera sus secuestros. Enriqueta trasladó a Teresita a su casa. Allí había otra niña, Angelina – se la robó a su cuñada en el parto-. Se pasaban el día encerradas en una habitación, una prisión de donde no podían salir. Pero en una ocasión, en que la vampira se ausentó, Teresita consiguió escapar y asomarse por una ventana.
    El secuestro de la pequeña corrió como una pólvora por toda la ciudad. Todos los esfuerzos policiales hubieran resultado nulos, como casi siempre, si no hubiera sido por una vecina curiosa: Claudina Elías, que un buen día se fijó en la cara de una niña que la miraba a través de un ventanuco. A pesar de que la pequeña llevaba la cabeza rapada, la reconoció: era Teresita Guitart. La noticia llegó a oídos de un colchonero que tenía la tienda en la misma calle de Poniente –actualmente, Joaquín Costa- y este se lo hizo saber al municipal José Asens, quien se lo comunicó a su jefe, el brigada Ribot.
    El descubrimiento movilizó la búsqueda de la policía, que consiguió entrar en la casa de Enriqueta Martí con la excusa de que los vecinos la habían denunciado por tener gallinas en casa. El brigada Ribot entró en el domicilio y encontró a la pequeña. “¿Cómo te llamas guapa?”, le dijo, y la niña respondió: “Felicidad”. “¿No te llamas Teresita?”, insistió, “Aquí me llaman Felicidad”, afirmó la secuestrada. A partir de ese momento se procedió a detener a Enriqueta Martí y se destaparon sus atrocidades, las cuales salpicaban a importantes burgueses catalanes que podrían haber sido sus clientes habituales. Pero, como suele suceder en estos casos, se consiguió echar tierra al asunto. Enriqueta fue linchada por otras presas en la cárcel. Dicen las malas lenguas que su muerte fue premeditada para evitar que declarase en el juicio.
    El teatro del Raval acoge la obra basada en la vampira
    Por eso, y por los años transcurridos, es difícil discernir qué aspectos del caso han sido producto del imaginario colectivo. Muestra de ello son las diversas publicaciones aparecidas en las últimas décadas que lo relatan. Además de El misterio de la calle Poniente, puede ser de utilidad para el lector interesado en conocer más detalles Los diarios de Enriqueta Martí, de Antonio Gracia José “Pierrot”.
    En la actualidad, en el mismo barrio donde sucedieron los hechos, se representa la obra de teatro “La vampira del Raval”, dirigida por Josep Arias Velasco. El director ha sido capaz de adaptar el episodio en una comedia musical en que el espectador tanto puede soltar una carcajada como erizársele el pelo. “Es una manera de contar la historia de una manera divertida y que el público entienda exactamente el drama de lo que pasó”, explica Pep Cruz, en el papel del brigada Ribot en el espectáculo. “Hubo tantos intereses que el suceso se fue tapando”, concluye.
    Tras el revuelo que causaron los descubrimientos posteriores a la detención de la vampira, el caso fue apagándose como una vela hasta acabar consumiéndose pocas semanas después coincidiendo con la tragedia del Titanic. Y así es como Enriqueta Martí acabó convirtiéndose en leyenda.
    fuente:vanguardia
     

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