En toque de queda

Tema en 'Foro Libre' iniciado por ElChoe Aaron, 21 Jun 2009.

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    Tacagua está en alerta. Las paredes del barrio mostraron unos panfletos que ya han amenazado a otras comunidades con una "limpieza social". Sociólogos vuelven a pedir cotos contra la violencia. Por Joseph Poliszuk

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    "Llegó la hora de la limpieza social", manifiesta el título de los mensajes anónimos que aparecieron hace ya más de dos semanas tirados en la calle, pegados en las bodegas y de mano en mano. Con errores ortográficos y expresiones ajenas a la jerga venezolana, el papel habla de aplicar una justicia paralela que alarmó a varias de las personas que hacen vida en ese lugar de la carretera Caracas-La Guaira: "Nuestra organización ha tomado la irrevocable decisión de atacar la violencia con violencia(...) Todo aquel que se encuentre después de las 10:00 pm no respondemos, se caen inocentes o menores(...)".

    Es algo que alarmó a la comunidad. En Caracas ya no es noticia que cada fin de semana caigan 50 personas por muertes violentas pero como si se tratara de una pequeña nación, los vecinos de Tacagua vieja diferencian su zona del resto de la ciudad. Tanto así, que se jactan de dormir con las puertas abiertas aún en el siglo XXI. Los panfletos, sin embargo, abrieron los ojos de muchos. "La gente estaba muy tocada", comenta el párroco de la zona, José Gregorio Lobo.

    Domingo a domingo, Lobo amanece en Tacagua para oficiar una misa. Aunque a cargo de la feligresía de Catia y de la iglesia Nuestra Señora de los Dolores de los Magallanes, el sacerdote también frecuenta la zona, y el tema de los panfletos ha sido una constante en sus últimas visitas.

    A principios de mayo se registró un asesinato en el corazón de Tacagua vieja; los funcionarios de la Policía Metropolitana que administran el Núcleo de Servicios de la Policía Comunal que hay en El Limón, otro de los barrios de la zona, señalan que allí perdió la vida Antony Ruíz. Días después, un vecino mató a otro: la versión policial advierte que "El Pecas" se metió el domingo 24 de mayo en la casa de Eliomar Torres, para propinarle tres disparos mientras comía perrocalientes con sus tíos, sobrinos y primos.

    Entonces empezó el miedo. Las alarmas se dispararon, hubo elucubraciones y como es normal: aparecieron los chismes. Que si Eliomar había ocultado una escopeta con la que solía ir de caza con "El Pecas"; que si había advertido a su asesino que se olvidara de enamorar a su prima; que si esto, que si aquello...

    "El Pecas" anda prófugo y en medio de ese panorama, vecinos y familiares despidieron a su muerto. Lo enterraron, le rezaron y cuando el sacerdote se encontraba oficiando el tercer novenario, uno de los panfletos apareció en los muros de propia iglesia, para añadir levadura a una serie de leyendas urbanas que hablan de encapuchados que aplicarán su justicia.

    Vecinos en alerta
    Puro rumor. Nadie reconoce haber visto a los encapuchados, pero por aquello de que "más vale prevenir que lamentar", ya hay vecinos que han cambiado hábitos. El mejor ejemplo es el de los choferes de la ruta Caracas-Litoral que viven en la zona: a diferencia de antes, están saliendo juntos a las 3:00 de la madrugada para cubrir el primer turno. Ya pasó, de cualquier modo, el susto de los primeros días; los panfletos desaparecieron de las bodegas y varios vecinos empiezan a advertir que los mensajes no han sido más que amenazas. Sin embargo, la alerta sigue latente y cada quien busca explicaciones.

    Representantes comunales y partidarios del Gobierno nacional hablan de un "psicoterror que siembran grupos paramilitares colombianos"; uno que otro aventurado relaciona los últimos crímenes con esta situación y hay hasta quien habla de una mala broma para que las autoridades policiales volteen la vista a una comunidad que aunque tranquila, necesita vigilancia policial.

    Esta historia, sin embargo, no pasaría de ser una anécdota local, si no fuera porque se trata de una cadena que ha ido mostrando el mismo cuadro en pueblos y ciudades del país, hasta finalmente llegar a Caracas.

    La primera noticia que hubo sobre un caso así fue a mediados del año pasado en la población de Rubio, del estado Táchira. "Si quiere a su hijo guárdelo temprano", amenazaban volantes firmados por el grupo paramilitar Águilas Negras: "Si no lo quiere cómprele un ataúd. No queremos jíbaros, fumones, prostitutas, gays, lesbianas, grupos reunidos tomando después de las diez de la noche...".

    Versiones similares pero anónimas luego llegaron a San Cristóbal, a poblaciones de Mérida como Bailadores, y a Maracaibo, desde donde la secretaria de Seguridad y Orden Público del estado Zulia, Odalis Caldera, deja claro que no cree en paramilitares en su región. "Se trata -a su juicio- de un hecho que lo que busca es dañar una gestión que da respuestas a la gente".

    Como en Colombia
    Alguien está interesado, de cualquier modo, en reeditar en Venezuela un toque de queda tácito impuesto por una serie de volantes que comenzaron a circular el año pasado en más de 15 ciudades colombianas. Los volantes que principalmente hubo en barrios de Táchira y Zulia llegaron a la capital de la República justo en una zona tan vigilada por el Gobierno, que se ha erigido como un globo de ensayo de proyectos como la "Comuna Gual y España", uno de los tres módulos piloto de Policía Comunal que el Ministerio de Interior y Justicia instaló en Caracas y un poco más allá, la llamada "Ciudad del Indio", que el presidente de la República, Hugo Chávez, prometió construir el 21 de enero de 2007. Los panfletos que han circulado por Colombia y Venezuela desde el año pasado comparten palabras y amenazas comunes como la idea de la profilaxia social. Eso explica el miedo de Tacagua. "En muchos barrios de Bogotá nadie puede circular después de las 8:00 o 10:00 de la noche, es como un toque de queda autoimpuesto por el miedo", explica Carolina Castro, coordinadora de la asociación civil Visionarios por Colombia, que lidera el ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus.

    Bajo la consigna de "Llegó la hora de dar la cara", Visionarios por Colombia ha organizado concentraciones y foros virtuales que llaman a combatir las amenazas anónimas, a través de ciudadanos que firman cartas de repudio a estos hechos con sus nombres y apellidos. Y no han estado solos: otras organizaciones han acampado y organizado actos culturales en los mismos barrios afectados, para demostrar que nadie puede adueñarse de la vida nocturna de una comunidad.

    "La versión de las autoridades colombianas es que los panfletos sólo son una amenaza que no ha terminado en delitos; sin embargo, hay organizaciones de jóvenes que han denunciado asesinatos asociados", explica Castro. Lo que queda claro, según explica en una entrevista electrónica, es que ningún organismo ha podido determinar la autoría de paramilitares en estos casos.

    ¿Qué pasa cuando alguien siembra miedo en una comunidad? "No es la primera vez que aparece un caso como este en Caracas", advierte el salesiano Alejandro Moreno, doctor en Ciencias Sociales y autor de estudios sobre violencia local como Salimos a matar gente y Tiros en la cara.

    "Esto puede ser uno de esos movimientos de ultraderecha que estuvieron muy activos en naciones como Brasil y Colombia contra los niños de la calle", señala. Tampoco descarta factores que responden a una simple campaña de amedrentamiento por alguien que no tiene los medios para aplicar justicia, o, a las propias autoridades: "Pudiera ser ¿y por qué no?, una táctica del mismo Gobierno acosado por las protestas contra la inseguridad de la que nunca se ha ocupado".

    En el Ministerio de Interior y Justicia ignoraron tres solicitudes de información sobre este fenómeno. El sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Roberto Briceño-León, advierte que sea quien sea, el Estado debe tomar medidas. "Hay que criticar esos métodos como salida y por otro lado responsabilizar al Gobierno", dice. "Cualquier cosa que pase en Tacagua vieja es competencia de las autoridades porque han incumplido con sus funciones y de alguna manera han aupado estas medidas".

    Fuente El universal
     

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