Gadgets para el futuro

Tema en 'Foro Libre' iniciado por Fuckencio, 16 Ago 2010.

  1. Fuc

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    Gadgets del futuro

    Una escritora se adelanta en un viaje por el tiempo y regresa con tres objetos imprescindibles que modificarán la vida de la humanidad. ¿Será divertido salir de compras para el hombre del mañana?
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    Ilustración: Luis Castellanos



    Pecesitos programables
    A duras penas, la humanidad sobrevive al pozo de desesperación al que la ha sometido una dosis de unas doscientas notificaciones por día de Facebook. Vivido de un modo traumático, surge el equivalente de dar vueltas en el desierto para matar una generación, como en los tiempos bíblicos (Gen F-ucked). Se impone la neoeducación de los niños; se acaricia la idea de que el entrenamiento consciente de la especie humana despuntará al contacto con pequeños animales y mascotas genéticamente mejorables. Desde muy temprano, los niños ingresan en un programa que detecta sus habilidades innatas, al tiempo que los entrena en la adquisición de miniespecialidades: la noción de escuela se ve sustituida por un esquema global donde cada pequeño puede contribuir remotamente a un proyecto de vida hidropónica (método de cultivo que sustituye el suelo por dosis de minerales) que se desarrolla en cápsulas bioespeciales que orbitan y se asientan en planetas vecinos. La biotecnología para niños -una plataforma amigable para infantes, inspirada en los grupos de soporte psicológico que surgieron para ayudar a los ciudadanos seniors a lidiar con Windows Vista y Windows 7- los capacita para pasar de hacer algunos mamarrachos en papel a participar de los experimentos en el diseño inteligente de animalitos. Los más populares, entre otros, son los pececitos programables: una raza de peces diseñados genéticamente para ser alterados por computadora y pasar sus caracteres adquiridos a su descendencia. Como en las aulas precursoras que enseñaron la germinación del poroto en frasquitos, cada niño cría su arquetipo de la especie, enseñándole cosas y mejorándolo una generación tras otra; luego, compiten en torneos escolares Inter Peceras con sus peces modificados que se han vuelto expertos en algún rasgo ictiforme. A manera de incentivo, se premia a los niños que deciden programar peces para tolerar la radiación, uno de los tópicos más subvencionados por el programa científico. En otros programas, los niños pueden modificar moléculas que serán enviadas al espacio exterior. Buena parte de los esfuerzos del nuevo orden mundial se concentra en convertir la ciencia en una práctica fundamental, como lo fuera en otro momento la teología: el teólogo, que conoce los principios, participa de otro modo que el creyente. Los pequeños que manifiesten talento para las conductas sádicas pueden dedicarse al diseño de pesadillas, una manera de regenerar la energía mental de los presos, a los que se pone en un coma punitivo. Aprobada la ley que permite experimentar sobre humanos vivos, empezando por los presos, una de las innovaciones más exitosas consiste en el diseño de una enzima cerebral que permite mantener a los reos, que exteriormente parecen estar en coma, sumergidos sin parar en un videojuego multiplayer donde llevan a cabo las tareas duras de la guerra o ser conejillos de indias de experimentos neuroquímicos. Se resuelve el problema de la agresividad de las cárceles. Por su parte, los niños son felices y van a todas partes con sus peces, que ahora pueden respirar.
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    Ilustración: Luis Castellanos



    La capa invisible
    La cultura del entretenimiento basada en la explotación de vanidades se combina exitosamente con el triunfo doméstico de la guerra contra el terrorismo (en el bando occidental). Se aprueban las leyes que determinan la vigilancia digital de todas las actividades de los ciudadanos: un arco vital de datos que incluye las trayectorias físicas, transacciones bancarias, compras, conversaciones telefónicas, objetos mirados con curiosidad o insistencia, búsquedas de información, premios a la performance pornográfica transmitida por internet, y cada palabra en idioma conocido que ha sido escrita y guardada en la nube. Los humanos, que por tradición habían adorado dioses regionales con la esperanza de estar siendo observados, contemplados con benevolencia, y juzgados en cada región, ahora tienen la certeza (matemática, estatal) de estar siendo observados y juzgados continuamente, y les fascina. «Los humanos sienten placer en ser observados; hemos registrado sus sonrisas cuando decimos sus nombres y los informamos sobre sí mismos», reza el veredicto del plebiscito digital que dio lugar a las leyes de vigilancia (que sólo venían a justificar el refuerzo policial en el seno de la guerra interna). Felices de participar de la «transparencia responsable», los ciudadanos contribuyen de buena gana las pruebas de su inocencia, dejándose registrar durante años y produciendo en su vida cotidiana la evidencia de sus coartadas. La trayectoria de un inocente no puede, en términos estadísticos, coincidir con la de un agresor al género humano. Pero cuando las trayectorias humanas se vuelven lineales, visibles, el azar se vuelve el derecho a la resistencia. Los que se niegan a la vigilancia constante del ojo nuevo de dios (los nuevos ateos) brindan una respuesta tecnológica a este problema político. La capa invisible es un dispositivo de metal plástico en forma de banda, similar a la de una sotana, que se coloca bajo el pliegue de camisas y chaquetas: el dispositivo permite anonimizar las conexiones a los sistemas de rastreo de internet, redirigiendo los clics a una red peer 2 peer (p2p) -horizontal y, puesto que burla la arquitectura jerárquica de internet, anónima- que engaña a los servidores enviando señales al azar. Este sistema vuelve imposible de rastrear la identidad, historial, itinerario, actividades, intereses y locación de la persona. El sistema funciona explotando una vulnerabilidad estructural de internet, venida de su diseño popular en los años noventa del siglo XX (que sigue vigente en la actualidad). Las redes p2p burlan el sistema jerárquico y establecen conexiones horizontales entre computadoras que no pasan por el servidor central que rige el DNS (Domain Name System). Algunos usuarios de la capa invisible no utilizan el cuello detrás del pliegue de la camisa, sino delante. Se hacen llamar «teólogos» («cuando todo es intercambio y capitalismo, la única manera de ser crítico es ser teólogo», había pronunciado JED). Dicen que los teólogos abogan por el velo y la belleza de la oscuridad, que buscan las zonas sombreadas del alma, y que en sus refugios está escrito: hic captabis frigus opacum («Aquí he encontrado la fresca oscuridad»); también, se hacen llamar «la resistencia». La capa invisible se complementa con el dernier cri de moda: maquillaje basado en ingeniería reversa para bloquear los sistemas de reconocimiento de imágenes, que impide atar los rostros de las personas a su nombre en el sistema.
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    Ilustración: Luis Castellanos



    Joyas paralyzer
    La vigilancia no logra disminuir los crímenes en la sección de la población que escapa a la contención de la felicidad. En algunas islas, donde los árboles modificados llegan a medir miles de metros y, debajo, las especies todavía entablan la lucha por la supervivencia, crece una industria de armamento design con gadgets para defensa personal. Es en los bosques donde los seres hostiles desarrollan sus actividades extracurriculares de naturaleza malévola. Las personas honestas se acercan a los lagos circulares con preciosos anillos relucientes en la mano, con pendientes de piedras preciosas tintineando bajo las orejas, en la noche. Los anillos contienen símiles de diamante azul capaces de inducir a un coma químico; los pendientes, lapislázuli transparente. Quien los lleva puede defenderse con sólo acariciar sus joyas que brillan en lo oscuro: en presencia de un atacante, el dispositivo emite un haz neuroquímico que recala en el hipotálamo del agresor, sumiéndolo en el terror. El dispositivo remece la fisiología cere
     

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