Pseudocríptidos la otra cara de la criptozoología

Tema en 'Casos Paranormales' iniciado por anthony123, 14 Sep 2008.

  1. ant

    anthony123
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    buscando en internet enconytrete esto sera verdad

    Pseudocríptidos es la otra cara de la criptozoología, La historia de la zoología, y por supuesto de su hermana la criptozoología, contiene abundantes ejemplos de portentosos hallazgos animales que finalmente no fueron otra cosa que fraudes más o menos elaborados. Como en toda disciplina científica, las ansias por pasar a la historia, la búsqueda de la fama, o el simple lucro personal, han generado pintorescos episodios de cuerpos de sirenas momificados, diablos de mar disecados o vísceras de chupacabras olvidadas por el campo.

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    La historia de la ciencia está repleta de fraudes, algunos simpáticos y pintorescos al no provocar daños a terceros, y otros realmente detestables por suponer auténticas estafas económicas, o bien un claro abuso de poder en el ámbito laboral o académico.

    La mayor parte de los episodios que se pueden rastrear en la historia de la zoología y su hermana la criptozoología pertenecen al primer grupo, aunque no deja de ser cierto que en ocasiones el abuso de la credulidad de la gente y la búsqueda de pingües beneficios han terminado por ensombrecer lo que posiblemente surgía como una broma. Episodios como estos pueden incluso ser utilizados para manipular a la opinión pública y ofrecer una imagen distorsionada del rigor y modus operandi empleado por los criptozoólogos en su búsqueda de criaturas animales desconocidas para la ciencia. Los fraudes, que a veces surgen como simples confusiones convertidas en auténticas bolas de nieve por los medios de comunicación, pueden ser de diferente índole.

    Quizá en criptozoología los más frecuentes sean aquellos relacionados con la toma de fotografías, filmaciones, huellas e incluso restos de presuntos criptidos. Es bastante conocido el caso de los restos de yetis momificados que se conservan en algunos monasterios del Tibet, y que una vez analizados han resultado ser pellejos de cabras, osos y otros animales convencionales. La escasa o nula nitidez de la mayor parte de las fotografías de animales misteriosos, ya sean del tipo de los hombres salvajes o de los monstruos lacustres, genera que con frecuencia sean tenidas en su mayor parte como dudosas, cuando no directamente como fraudulentas.

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    La conocida como filmación Patterson, rodada en 1967 en Bluff Creek, California, por Roger Patterson y Bob Gimlin, es hasta el momento la película más clara y larga en la que se observa a un presunto bigfoot, a plena luz del día y andando entre el bosque. Las opiniones sobre la autenticidad de la misma se mantienen enfrentadas hasta la fecha, no porque se piense que el material haya sido manipulado, sino porque para los más críticos
    es altamente sospechoso que un ferviente fans de los hombres bestias como Patterson saliera al campo con su filmadora y grabara un ejemplar con tanta facilidad. Para el director de cine John Landis lo que muestra la filmación no es otra cosa que a un ser humano con un disfraz de los diseñados por John Chambers para la película El planeta de los simios. Con el más famoso de los monstruos lacustres, nuestro querido Nessie, habitante escurridizo de las aguas escocesas del Lago Ness, ocurrió algo similar años atrás. Al margen del eterno debate sobre la identidad de la criatura, un jarro de agua fría cayó sobre una de las pruebas más antiguas de la existencia de Nessie, la foto de su cuello emergiendo de las aguas tomada en 1934. Reproducida como cierta hasta la saciedad, hace unos años Lambert Wilson afirmó haber sido él mismo el autor de la famosa instantánea en blanco y negro, que no era otra cosa que un artilugio de madera flotando preparado al efecto. Patas de escayola o madera para imitar las zarpas de los monstruos lacustres no han faltado a lo largo y ancho de los lagos estadounidenses y canadienses, como forma rápida de atraer la atención de los medios de comunicación y con ellos del turismo. Incluso en un capítulo de la serie Expediente X se llegó a reflejar esta práctica, aunque otras evidencias se encargaban de alimentar las dudas de Mulder y Scully. Un affaire relativamente reciente fue el vivido en la India el pasado año, cuando las supuestas apariciones de un extraño mono salvaje, deforme y agresivo crearon una psicosis colectiva que indirectamente llegó a tener víctimas humanas. Lógicamente se trató de un caso extremo, pero sin duda a tener en cuenta.

    El padre de la criptozoología, Bernard Heuvelmans, con su rigor habitual, desveló en sus trabajos algunos episodios de fraudes premeditados de criptidos que nunca pudieron ser tales. El Moka-Moka o Chelosauria Lovelli fue uno de ellos, una especie de híbrido entre una serpiente, una tortuga y un pez, que al parecer había sido avistado en 1890 en las costas australianas de Queensland por una maestra identificada como Miss S. Lovell. Al parecer se trataba de una deformación de una leyenda indígena con la que la presunta testigo quiso pasar de los periódicos a la historia. Otro caso muy similar fue el del Rau, otro extraño bicho fabricado en la imaginación de un matrimonio apellidado Miller con trozos de todos los dinosaurios que conocían, y que según éstos habían visto nadando e incluso filmado cerca de Nueva Guinea, a finales de los años sesenta.

    El prolífico escritor y especialista en fauna fantástica Jesús Callejo, nos brinda en su obra Bestiario Mágico algunos ejemplos más que harán las delicias del lector interesado en conocer otros casos. Además de los fraudulentos cuerpos de sirenas que llegaron hasta las vitrinas de algunos museos, destaca el caso de los diablos de mar o garadiávolos, unas criaturas de sobrecogedor aspecto que se hicieron muy célebres hasta épocas recientes, pertenecientes a una supuesta raza desconocida que habitaba los mares. Mal que nos pese, y con independencia del pataleo de muchos, estos especímenes no eran otra cosa que mantas rayas y otras criaturas similares a la que se les hacían unos hábiles cortes dándoles un aspecto humanos antes de disecarlos. Hace años pudimos ver una de esas reliquias en la colección del incansable periodista y aventurero Miguel G. Aracil. ¿Y qué decir de los cuernos de unicornio, que tanto proliferaron en siglos pasados como remedio contra la impotencia y los venenos?.
     

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