[Relato]Al filo de la medianoche....

Tema en 'Amor y pareja' iniciado por Renzogi :p, 21 Mar 2010.

  1. Ren

    Renzogi :p
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    Capitán

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    La plaza está rebosante de gente. No cabe ni un alfiler. Las miles de personas que se han dado cita allí miran ahora expectantes el reloj. Todo está a punto de terminar, o de comenzar, según se mire. Las risas y los cánticos se van apagando. Casi impresiona sentir como el silencio se va extendiendo poco a poco por la multitud, como si fuera una ola que avanza por ella ahogando los sonidos. Apenas quedan un par de minutos.



    Una chica espera. Es guapa. Se puede decir incluso que es excesivamente bella. Su pelo rubio, largo y rizado, cae como una cascada dorada sobre su espalda. Sus ojos tienen el mismo color azul que un cielo de verano. El óvalo perfecto de su rostro, los labios carnosos, la nariz recta, todo en ella recuerda a una de esas modelos de revista excesivamente retocadas con el PhotoShop. Va vestida enteramente de blanco. Un vestido de licra se pega a su cuerpo como si fuera una segunda piel. La falda es extremadamente corta y un generoso escote muestra sin pudor el nacimiento de sus senos. Lleva botas altas, unos centímetros por encima de la rodilla. La piel de las piernas que queda entre el borde de las botas y el de la minifalda está desnuda. Una gabardina, también de un blanco inmaculado, la cubre casi hasta los pies. Mira también el reloj. Su percepción del tiempo es distinta a la de la gente que la rodea, pero también está nerviosa. Si él no llega antes de que el reloj empiece a dar las campanadas habrán perdido la oportunidad.



    Un chico se abre paso entre la multitud. O casi sería mejor decir que la gente se aparta, incluso sin darse cuenta, para dejarle pasar. Nadie le mira. Es raro que nadie se fije en su belleza salvaje, en su cabello rubio, en sus ojos negros, en la boca perfecta que incita a ser besada. Sus rasgos son un compendio de todo lo que las mujeres querrían tener en su hombre ideal. Viste de negro. Pantalón y camisa, botas y tres cuartos, todo del color de una noche sin estrellas. Sigue moviéndose con fluidez hacia el centro de la plaza. Sabe que ella está allí. Puede sentirla. Todos miran el reloj. Él también lo hace sólo para descubrir que casi no le queda tiempo. Apenas unos segundos más y… Entonces la ve, brillando blanca entre el mar de colores que la rodea. Se acerca a ella.



    Ella nota su calor en la espalda y no necesita volverse para saber que es él. Él la envuelve en un abrazo que, sin palabras, pide perdón por el retraso. El reloj empieza la cuenta atrás del último minuto. Él la besa en la nuca. Ella sabe que ahora juegan con su tiempo. En la plaza resuena la primera campanada.



    El chico aparta el pelo de la muchacha, dejando así libre acceso a sus labios para poder besarle la piel sin intermediarios. Sus labios recorren muy despacio la nuca expuesta. Sabe que a ella le gusta así y nunca olvida empezar con su caricia favorita. Ella echa la cabeza hacia atrás, ofreciéndole el resto de su cuello y una fantástica vista de su escote. Él no puede despegar sus labios de ella y sigue recorriendo muy despacio cada centímetro de piel a su alcance. Sus besos bajan hasta el hombro de la chica, desplazando ligeramente la gabardina, luego suben hasta la oreja, donde se hunde la lengua en una caricia húmeda y sensual. Ella vuelve más la cara y busca sus labios. Se funden en un beso que los deja casi sin respiración.



    La chica se gira, quedándose de frente. Pone las manos sobre el pecho de él y le acaricia, mientras él agarra fuertemente su culo por debajo de la gabardina. Ella va desabrochando los botones de la negra camisa, mientras cubre de besos el torso del muchacho a medida que lo va desnudando. Él sube la falda del vestido, enredando sus dedos en el fino tanga y moviéndolo suavemente para que le acaricie el coño. Ella lleva su boca hasta los pezones del muchacho y ahoga los gemidos que él le provoca lamiéndolos con calma. Él se aprieta más contra ella para que pueda sentir como crece su erección. Ella le muerde. Él clava sus uñas en las suaves nalgas de la chica. Los dos pueden reconocer el deseo desatado en los ojos del otro.



    El chico abandona el culo de la muchacha, y sube sus manos hasta el escote. Lo baja de un tirón. Dos pechos firmes y redondos, saltan liberados de la tela que los cubría. Él agacha la cabeza y empieza a lamerlos, mientras los aprieta entre sus manos. Ella echa la cabeza hacia atrás, gimiéndole a las estrellas. Enreda sus dedos en los cabellos de él, le agarra de la nuca y le sujeta fuerte contra sí. Él sigue lamiendo y besando aquellas dos manzanas que se vuelven de fuego entre sus labios. Ella le empuja hacia abajo, y él sigue el camino marcado, humedeciendo con su lengua la tela del vestido, hasta llegar de nuevo a la piel de la muchacha. Gira un poco la cabeza, besa su cintura, muerde su cadera. Ella intenta reconducirle. Él lame despacio una de sus ingles y se cuela entre sus piernas. Cuando la boca del chico roza su sexo a través de la tela que lo cubre, ella suspira y se agarra a sus hombros para no caer.



    Él apoya una rodilla en el suelo. Sus dedos empiezan a jugar con el coño de ella. Lo acaricia por encima del tanga sintiendo como la humedad va traspasándolo. Estira la tela para marcar la piel que hay debajo y acaricia el clítoris con una de sus uñas. Siente como las manos de ella se aprietan más sus hombros. Su boca remplaza a la uña, y su lengua empieza a lamer mezclando en la tela los jugos de ella con la saliva de él. Ella empieza a temblar. Él decide quitarle el tanga, sentir así su piel, y se abraza a las piernas de ella, sujetándola fuertemente, mientras empieza a comerle el coño recién liberado. Deja que su lengua la recorra entera. Empieza con pequeñas lamidas sobre el clítoris, baja para separar sus labios y penetrar en su vagina, luego se agacha un poco más para llevar la humedad del coño hasta su ano. Ella vuelve a sujetar su cabeza intentando un contacto más íntimo con esa lengua que la está matando de placer. Los dedos de él se introducen al mismo tiempo en el coño y en el culo y empieza a moverlos. Ella se olvida de sujetarse y se lleva las manos a los pechos para acariciarlos y pellizcarse los pezones. Él echa la cabeza hacia atrás, para poder contemplarla. Ella jadea con los ojos cerrados.



    Cuando está a punto de correrse le hace parar. Le tira del cabello para que se ponga en pie. Él obedece. Ella cae de rodillas. Pasa su lengua por encima del pantalón, dejando un rastro brillante de saliva sobre el voluminoso bulto que se ha formado en la entrepierna del muchacho. Lo muerde con suavidad, lo acaricia, lo aprieta ligeramente con las manos. Él gime. Es la señal que ella espera. Desabrocha el pantalón y libera el sexo que se levanta erguido hacia la noche. Ella lo saluda con un beso, pone una de sus manos bajo los huevos del muchacho y los acaricia, rozándolos apenas con las uñas de vez en cuando. Mientras, engulle el pene, lo hace entrar en su boca, lo lame, lo acaricia con los labios. Juega con él hasta que las manos del chico la agarran por el pelo obligándola a mantener una cadencia en sus chupadas. Lo siente entrar y salir de su boca, cada vez más duro, cada vez más rápido, cada vez más profundo. Mientras sigue masajeándole los testículos con una mano, lleva la otra hasta su coño. Se acaricia un poco, introduce uno de sus dedos en su vagina para humedecerlo y luego lo lleva hasta el ano del muchacho, para clavarlo en él. Él aguanta unos segundos más y luego la obliga a levantarse.



    Vuelven a besarse, mezclando en sus bocas salivas y sabores. Él la agarra por la cintura. Ella enlaza las manos tras la nuca del chico. Sus ojos se encuentran. Ella salta y él la ayuda con su impulso a levantarse del suelo. Ella rodea con sus piernas las caderas de él. Él la sujeta sobre su pecho, ligeramente levantada aún. Sus sexos se rozan, se reconocen, se humedecen el uno al otro. Ella mueve las caderas un poco. Él la hace descender despacio, mientras siente como su pene se va clavando en su interior. Vuelven a besarse, esta vez con furia, como si quisieran devorarse mutuamente. Sus cuerpos se funden en uno. Ella empieza a moverse, ayudándose de sus piernas y sus manos. Él también colabora, agarrándola del culo e impulsándola hacia arriba para dejarla caer un segundo más tarde. Aceleran el ritmo todo lo que pueden, que no es mucho debido a la postura.



    Ambos quieren más. Él pasa con cuidado sus manos por entre los muslos de ella y trata de colocar sus brazos debajo de las rodillas. Ella descruza las piernas, para facilitarle el movimiento. Él vuelve a llevar las manos a la espalda de ella, enlazándolas en su culo. Ella queda prácticamente en el aire, con las piernas sobre los brazos de él, y los únicos apoyos de sus manos aún agarradas a la nuca del chico, y el pene que la penetra profundamente. Él la sujeta con fuerza, no va a dejarla caer. Empieza a moverse, haciendo rebotar a la chica contra su estómago. Libre de las ataduras de las piernas de ella, puede follarla cada vez más rápido. Ya no pueden parar. No quieren parar. El ritmo se hace más frenético cada vez. Las lenguas se buscan, las pieles resbalan una sobre la otra, los sexos se funden, el clímax se acerca.



    El reloj da la última campanada. Llegan al orgasmo los dos al mismo tiempo. Sus gritos de placer se confunden entre los gritos de los que les rodean. Bajo el reloj, se iluminan unas bombillas formando el número 2009. El nuevo año empieza mientras ellos, aún abrazados, recuperan el aliento. La gente salta a su alrededor. Todos se abrazan y se besan. Nadie les presta atención. Ella se coloca el vestido, mientras él se abrocha la camisa y los pantalones. Se miran una vez más, los azules ojos de ella sumergidos en las profundidades negras de los de él.



    - Nena, follas como los ángeles – dice él mientras la abraza.
    - Tal vez sea porque soy una de ellos – contesta ella riéndose mientras mueve suavemente sus alas para que él las note a través de la gabardina – Tú lo haces endiabladamente bien.
    - Ya sabes lo que dicen – él se aparta el flequillo un poco dejando al descubierto dos pequeños cuernecillos que adornan su frente – Si quieres tener buen sexo, pon un demonio en tu vida.



    Ambos sonríen. Ella mira el reloj. Casi ha pasado un minuto del nuevo año. Aunque para ellos el tiempo sigue siendo distinto, es hora de despedirse.



    - Tengo que marcharme – dice ella con pena en la voz – No quiero que se den cuenta de mi ausencia.
    - Sí, ya sé. También yo tengo que irme. Esta noche tengo mucho trabajo.
    - ¿El próximo año, a la misma hora, en el mismo lugar? – pregunta ella mientras empieza a marcharse.
    - Claro. Es el único momento en el que se abren las puertas del infierno y del cielo y nuestros mundos se unen. Donde entre tú y yo todo puede pasar – él le guiña un ojo
    - Sí, – contesta ella soplándole un beso en la distancia - el minuto humano en el que nadie nos echará de menos. Pero, por favor, el año que viene se un poco más puntual. Casi no llegamos a tiempo.
     
  2. The

    Thelugia
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    ME he perdido de mucho en este tiempo!!!!
     
  3. DaM

    DaMneD AngEl
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    Por la ptm esta muy bueno esto coño
     

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