[Relato]Casa Nueva..

Tema en 'Amor y pareja' iniciado por Renzogi :p, 21 Mar 2010.

  1. Ren

    Renzogi :p
    Expand Collapse
    Capitán

    Mensajes:
    751
    Me Gusta recibidos:
    8
    Hola a todos, he aquí mi primera colaboración en esta parte del foro. Espero que disfrutes con este, no se si relato o relato corto, tanto como yo escribiéndolo. Pronto subiré alguno mas.


    Aquella mañana estabas tan ilusionada que apenas podías conseguir vestirte de un modo ordenado. Estabas dejando toda la habitación echa un desastre y entre los montones de ropa, las montañas de papeles y el suelo cubierto de zapatos te era casi imposible avanzar hasta la puerta. Te colocaste tu tanga favorito, el cual deslizaste suavemente entre tus piernas hasta dejarlo perfectamente ajustado, y tras probar varios vestidos te decidiste por uno de los más escotados que tenias. Culminaste aquel conjunto exuberante calzándote unos zapatos de finos tacones que hacían aun más sensual tu figura y tras hacerlo te miraste al enorme espejo de la pared y colocaste, mejor dicho alzaste, tus firmes pechos para que asomaran levemente sobre el ceñido vestido. Tras toda esa meticulosa elección saliste a la calle decidida a conseguir lo que buscabas.

    Una hora más tarde te encontrabas en la otra punta de la ciudad y apunto de comprar la que era la casa de tus sueños. El vendedor, culpable de toda aquella sensual indumentaria, te esperaba junto a la puerta de entrada, y sonrió de manera diablesca al verte llegar de tal manera, contoneando tu cuerpo de una forma suave pero firme, como si al caminar todo pasara a cámara lenta y tus caderas parecieran golpear al aire una tras la otra. Al llegar hasta donde estaba él, te miro, te dio los buenos días y abriendo la puerta te hizo un gesto para que pasaras adentro; te siguió detrás. Avanzasteis hasta el salón que era donde cerraríais el acuerdo de compra, y mientras lo hacíais sentías cada vez mas ganas de demostrarle tus más instintivos deseos hacia él, pero esperaste, todo llegaría a su tiempo.

    Una vez sentados en los confortables sillones color bermellón, que acompañaban a la mesa del salón, uno frente a otro, tu deseado vendedor sacó una carpeta de su maleta y comenzó a dictar los puntos clave de aquella venta, aunque para ti no fuera necesario porque ya lo tenías más que claro. Mientras lo hacía lo mirabas fijamente, pero en fugaces parpadeos repasaste, como tantas otras veces habías hecho, su escultural cuerpo. No prestabas mucha atención y preferiste observar sus labios moverse y sus fuertes manos pasar delicadamente las hojas del contrato. Ni podías aguantar mucho más aquello, ni dejabas de pensar en como lanzarte, y a cada minuto que pasaba ibas notando cada vez más un calor que surgía desde dentro de tu cuerpo. Sentías fuego dentro de ti y ya en ese momento empezaste a notar como tu sexo se humedecía, y como aquel tanga que te habías puesto lo rozaba.

    Con la excusa de ir a por un poco de agua a la cocina desapareciste un momento de la habitación. Volviste a los pocos minutos portando una bandeja y en ella una jarra llena de agua y dos alargadas copas llenas hasta la mitad de pequeños hielos. Él parecía nervioso, como si algo le hubiera ocurrido durante tu ausencia, o como si imaginase lo que iba a ocurrir. Te acercaste a la mesa, justo por el lado contrario a él, te inclinaste para dejar la bandeja y en ese momento , calculando todos tus movimientos, dejaste justo delante de sus ojos tu generoso escote, quizás aun mas colocado que antes de marcharte. Cuando estuviste segura de que ya te estaría mirando alzaste la cabeza y mostraste expresión de sorprendida. Tu siguiente moviendo fue mirarlo fijamente y preguntarle si le gustaba aquello que estaba viendo, él asintió con la cabeza y volvió a mostrar aquella media-sonrisa diablesca. Lo tenías más que claro, sabias que aquello iba a pasar, así que comenzaste a preparar el ambiente.

    Sin dejar de mirarle fijamente fuiste arrodillándote frente a la mesa al mismo tiempo que deslizabas por tu cuerpo el vestido hasta dejarlo caer en el suelo. Lo siguiente que dejo de ocupar su lugar fue aquel sujetador de color negro que apretaba tus firmes y duros pechos, dejándolos al descubierto. Tus pezones, rosados en un principio, estaban comenzado a oscurecer su color y fue aun mas visible aquel cambio en el momento que empezaste a rozarlos, primero con las palmas de tus manos y luego con tus dedos. Al mismo tiempo que lo hacías gemías silenciosamente y alternabas la posición de tus dedos llevándolos hasta tus labios para humedecerlos con tu lengua y así continuar con aquel masaje. El pantalón de tu vendedor hacía rato que había comenzado a aumentar de tamaño por la parte de la entrepierna, y este, mientras tanto, se dedicaba a acariciar aquella zona. Tu continuaste en aquella posición un rato más, y aprovechaste aquellos pequeños hielos que habías traído para jugar un poco más con tus pezones, cogiste un puñado y al colocarlos sobre tus aureolas hiciste que estos se volvieran aun más oscuros y se apretaran hasta parecer hechos del mismo hielo.

    Sólo un sutil gesto con tus ojos te bastó para que él se levantara y se acercara. Lo hizo lentamente, mientras tu te incorporabas, y termino colocándose detrás de ti, tan cerca que pudiste notar su aliento en tu nuca, y mientras con su mano derecha apartaba la tuya ocupando su lugar sobre tu pecho, su mano izquierda comenzaba a bajar por tu cadera disimuladamente, hasta cambiar inesperadamente su dirección y colocarse debajo de tu tanga. Sus dedos, fuertes y suaves al mis tiempo, fueron introduciéndose lentamente en tu sexo. Movías tus caderas rozando tus duras nalgas contra su entrepierna, notando toda aquella potente erección que estabas deseando notar dentro de ti. Con un moviendo rápido te giraste y mientras besabas sus labios, y vuestras lenguas se unían alternando dentro de la boca de uno de los dos, desabrochaste su pantalón, bajaste su boxer, que estaba apunto de explotar, y abriste su camisa. Pasaste solo unos segundos tocando su potente miembro, él no te dejó mucho tiempo para hacerlo, ya que súbitamente te alzó con sus fuertes brazos sujetando tus caderas con sus manos, te llevó hasta la pared mas cercana, pegó tu espalda contra ella y comenzó a penetrarte con suaves movimientos de su cadera.

    Su miembro, fuerte y grande, entraba y salía de tu húmeda vagina al mismo tiempo que se iba lubricando cada vez más con tus fluidos. Tras unos minutos las penetraciones comenzaron a ser cada vez más fuertes y rápidas. Sus caderas chocaban contra las tuyas con golpes secos y directos, mientras tu te retorcías de placer y apretabas tus piernas que abrazaban su torso. Unos minutos después, y de la misma manera que lo hiciera anteriormente, con un rápido moviendo te dejó en el suelo, te volteó, y dejándote cara a la pared volvió a hundir su miembro en tu entrepierna. Agarro tus caderas y comenzó a moverte al compás de las suyas mientras tu empujabas tu cuerpo hacia atrás intentando introducirlo todo lo posible. Con una mano te apoyabas en la pared y con la otra lo intentabas agarrar para que no despegara su cuerpo del tuyo.

    Poco a poco los dos fuisteis notando como el clímax comenzaba a dar señales de su pronta llegada, y esta vez fuiste tu la que te adelantaste. Te giraste hacia él y cogiéndolo por los hombros lo fuiste bajando hasta sentarlo en el suelo, para, enseguida, terminar tumbado. Te sentaste encima mirando hacia sus pies y mientras cabalgabas moviendo tus caderas sobre su cuerpo él tocaba y pellizcaba tu culo. Te inclinaste un poco, dejando desde su punto de vista la visión de tu sexo penetrado una y otra vez, y otra vez, y otra, y otra, y otra, y cada vez con más rapidez. Movías tu culo como si fuera el de una bailarina brasileña bailando samba, girándolo y restregándolo contra su entrepierna.

    Cuando ya no podías aguantar mas te giraste y seguiste cabalgándolo mientras arañabas con tus uñas su pecho. Sus manos, que agarraban tus caderas, pasaron a apretar tus pechos y a presionarlos contra ti. Aumentaste aun más la intensidad de tus movimientos y le pediste, casi exigiéndoselo, que no parara bajo ninguna circunstancia. Aquellas idas y venidas de tu cuerpo eran casi epilépticas, tu pelo desatado te cubría la cara y tus manos temblaban. Y entonces, sin aviso, notaste un calor abrasador por tu entrepierna. Tu sexo se contrajo y apretaste su miembro al mismo tiempo que el furioso cosquilleo del orgasmo se empezaba abrir paso a través de tu cuerpo. Gemiste y gritaste, y también viste su cara de placer. Aquellos segundos se volvieron lentos en el tiempo y todo parecía volver a estar en cámara lenta. Cerraste los ojos e inclinaste tu cabeza hacia atrás. Lanzaste un último suspiro de placer hacia el techo de la habitación mientras volvías a abrir tus ojos.

    Bajaste tu cabeza y, entonces, una sensación de perplejidad te invadió. Te quedaste parada, muda y tu mirada se clavó en tu vendedor, que no estaba donde debía estar. No entendías nada de aquello, pero lo único que podías asegurar es que él había dejado de estar tumbando debajo de tu desnudo cuerpo, y volvía permanecer sentado en el mismo sillón bermellón.

    A su pregunta, extraña y notablemente desinteresada, de si te encontrabas bien respondiste rápidamente que solo estabas abrumada por tanta cantidad de información, y sin esperar un segundo más, aun sentado, acerco hacia ti el contrato que debías firmar. Ojeaste rápidamente los papeles que tenias delante y antes de firmarlos lo miraste de nuevo, y allí estaba, otra vez, aquella maldita media-sonrisa. Entonces si que lo entendiste, comprendiste como aquel chico te había engatusado durante tanto tiempo solo para conseguir venderte aquella casa. Seguramente te hubieras levantado y arrojado la carpeta contra su cabeza, pero no podías dejar escapar aquella oportunidad y firmaste aguantando tu rabia.

    Apenas tardó dos minutos en recoger todos los documentos, y una vez los hubo guardado en su maletín se levantó y esperó a que tú hicieras lo mismo. De no ser por el temblor de piernas que aun tenías debido a tu extraña experiencia te hubieras puesto de pie, pero excusándote, nuevamente, dijiste que preferías quedarte allí sentada. No hubo intención por su parte de quedarse acompañándote, así que ni siquiera te propuso hacerlo. Se despidió amablemente y se marchó.

    Furiosa y sobre todo desilusionada con todo lo que había pasado corriste a encerrarte en la que iba a ser tu habitación. No parabas de pensar en el ridículo que creías haber hecho. Tras varias vueltas por la habitación terminaste por despojarte de aquel vestido y tumbarte en la enorme cama que la presidía. Tendida boca arriba pensabas una y otra vez en lo que había ocurrido, y mezclabas tus sentimientos por igual, los que querían odiar a aquella persona y los que no dejaban de desear que todo aquello hubiera sido real. No podías reprimir ninguno pero el hecho de que aun estuvieras excitada por lo que creías haber vivido hizo que tus ganas de conseguir lo que buscabas, cuando saliste aquella mañana de tu casa, aumentaran.

    Sin pensártelo dos veces desabrochaste tu sujetador y te quitaste el tanga. Una vez desnuda y aun boca arriba comenzaste a revivir aquella experiencia que habías tenido con tu vendedor. Las imágenes se mezclaban en tu cabeza y tú las ordenabas a tu gusto mientras ibas acercando lentamente tus manos hasta tu entrepierna. Cerraste los ojos para que nada te distrajera de aquellas visiones y fuiste rozando lentamente con tus dedos los labios superiores de tu sexo. Con suaves movimientos, primero lineales y después circulares, te fuiste abriendo paso entre ellos hasta conseguir tocar tu clítoris, húmedo y delicado. Mientras usabas tus dos manos en aquel masaje con tus brazos apretabas tus pechos entre si y gemías casi susurrando.

    De pronto, un ruido te hizo salir de tu trance. Abriste los ojos, te incorporaste y pegaste tu espalda al enorme cabecero de la cama. Nunca has sido una mujer cobarde o asustadiza, así que dando muestra de ello cogiste una sábana para cubrirte y te acercaste, lentamente, hasta el balcón de la habitación, el cual daba al jardín trasero; que era desde donde creías haber oído aquel ruido. Las cortinas estaban cerradas y las puertas supusiste que también, así que cuando estuviste situada junto a las primeras cogiste cada parte con una de tus manos y las abriste bruscamente. El sol, que entraba directamente, te cegó un momento, pero en cuanto recuperaste la visión total lo que viste fue la delgada figura de un muchacho que te miraba nervioso y casi asustado. Era rubio, de ojos claros y pequeños, y llevaba puesta una camiseta blanca y sin mangas que quedaba pegada a su torso, Antes de que pudiera decirte nada abriste el ventanal y comenzaste a gritarle y pedirle explicaciones. Aturdido por tu reacción no supo reaccionar y entre temblorosas palabras se disculpó y te contó toda la verdad de porque había aparecido allí.

    Mientras te contaba lo ocurrido una parte de ti no podía contener la rabia de saber que si llamabas a la policía o a los padres de aquel chico aquella iba a ser la segunda vez que te quedaras a medias en el mismo día. No lo ibas a permitir, así que actuando impulsiva y casi desquiciadamente lo cogiste de la camiseta y lo empujaste hacia dentro. Al principio se frenó pensando que tus intenciones eran otras y se quedó clavado donde estaba, pero al desprenderte tu misma de aquella sábana que te cubría intuyó cuales eran las verdaderas.

    Lo lanzaste contra la cama, cerraste nuevamente las cortinas y también la puerta de la habitación. Te fuiste acercando lentamente hasta donde lo habías dejado tumbado y desabrochaste su cinturón para después bajar sus pantalones.

    Una hora más tarde aun se podían oír, desde fuera de la habitación, vuestros gemidos. Lo habías conseguido y todo de una manera que no habrías imaginado ni en tus mejores sueños.
     
  2. GMa

    GManticus
    Expand Collapse
    Recluta

    Mensajes:
    16
    Me Gusta recibidos:
    0
    Que chico afortunado
     

Compartir esta página