[relato] cronicas de un corazon perdido... (Y.Y)

Tema en 'Libros y cómics' iniciado por hentai, 12 May 2010.

  1. hen

    hentai
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    Sargento

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    El corazón perdido.
    Yendo una tardecita de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo, palpitante y carnoso; me atrevi a mirar con curiosidad, era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente. “Debe de habérsele perdido a alguna mujer”, pensé al observar la pureza y delicadeza de tan hermoso corazón, que, al contacto de mis dedos, palpitaba como si estuviese dentro del pecho de su dueño. Lo envolví con esmero dentro de un blanco paño, lo abrigué, lo escondí bajo mi ropa, y me dediqué a averiguar quién era la mujer que había perdido el corazón en la calle. De repente una voz dijo desde el cielo, ten estos lentes otorgados por mí, con ellos podrás ver en el interior de cada persona, pero solo servirán hasta que encuentres al dueño de ese corazón que en tus manos sostienes. Apenas volví del shock emocional luego de escuchar dichas palabras de aquella voz salida de la nada, me coloque mis lentes mágicos, miré ansiosamente a la primera mujer que pasaba, y ¡oh asombro!, la mujer no tenía corazón. Ella debía de ser, sin duda, la propietaria de mi hallazgo. Lo raro fue que, al decirle yo cómo había encontrado su corazón y lo conservaba a sus órdenes de si gustaba recogerlo, la mujer, indignada, juró y perjuró que no había perdido cosa alguna; que su corazón estaba donde solía y que lo sentía perfectamente pulsar, recibir y expeler la sangre. En vista de la terquedad de la mujer, la dejé y me volví hacia otras, jóvenes, lindas, seductoras, alegres. ¡Dios santo! En su blanco pecho vi la misma oquedad, el mismo agujero rosado, sin nada allá dentro, nada, nada. ¡Tampoco ésta tenía corazón! Y cuando le ofrecí respetuosamente el que yo llevaba guardadito, menos aún lo quiso admitir, alegando que era ofenderla de un modo grave suponer que, o le faltaba el corazón, o era tan descuidada que había podido perderlo así en la vía pública sin que lo advirtiese.
    Y pasaron centenares de mujeres, viejas y niñas lindas y feas, morenas y pelirrubias, melancólicas y fantásticamente alegres; y a todas les eché los anteojos, y en todas noté que del corazón sólo tenían el sitio, pero que el órgano, o no había existido nunca, o se había perdido tiempo atrás. Y todas, todas sin excepción alguna, al querer yo devolverles el corazón de que carecían, se negaban a aceptarlo porque creían tenerlo, porque sin él se encontraban divinamente, porque se juzgaban injuriadas por la oferta, porque no se atrevían a aceptar el placer y el peligro de poseer un corazón.
    Iba desesperanzado de devolver a aquel pecho de mujer el pobre corazón abandonado, cuando, por casualidad, con ayuda de mis prodigiosos lentes, acerté a ver qué pasaba por la calle una niña pálida, triste, de cabello largo y negro como la noche y en su pecho, ¡por fin!, distinguí un corazón, un verdadero corazón de carne, que saltaba, latía y sentía. No sé por qué -pues reconozco que era un absurdo brindar corazón a quien lo tenía tan vivo y tan despierto- se me ocurrió hacer la prueba de presentarle el que habían desechado todas, y he aquí que la niña, en vez de rechazarme como las demás, recibió el corazón que yo, en mi fatiga, iba a dejar otra vez caído donde alguna vez lo encontré.
    La niña me dijo unas palabras que me hicieron entender que desde el principio estaba en un error.
    “Gracias gentil caballero por compartir conmigo su corazón, nunca nadie se había dignado siquiera a mirarme, nadie nunca se preocupo de mis problemas y nunca alguien se atrevió a hacer mi aspecto a un lado para ver en mi interior y entregarme su corazón. Le aseguro que lo atesorare por siempre y nunca dejare que vuelva a perderse”
    En ese momento entendí que el corazón a quien tanto le busque un dueño era mi propio corazón, todo este tiempo estuve buscándole un dueño a un corazón que siempre me perteneció a mí. Y ahora se lo había entregado a quien en realidad lo merecía pues ya yo no merecía tener un corazón que no solo había perdido sino que simplemente había olvidado.
    Entonces toda esa avalancha de pensamientos y sentimientos encontrados se vio interrumpida por la voz de aquella niña, que con una voz tenue me dijo.
    Si lo deseas podemos compartir este hermoso corazón que me has entregado, no hay nada más precioso en este mundo que vivir unidos por el latir de un mismo corazón.
    Antes de darme la oportunidad de compartir con tan dulce y piadosa criatura aquel corazón la niña pálida se puso mucho más pálida aún: las emociones, por insignificantes que fuesen, la estremecían hasta la médula; los afectos vibraban en ella con cruel intensidad; la amistad, la compasión, la tristeza, la alegría, el amor, los celos, todo era en ella profundo y terrible, diría que se complacía en vivir doble vida espiritual, queriendo, gozando y sufriendo por duplicado, sumando impresiones de esas que bastan para extinguir la vida. Yo extendí mi mano y habría mi pecho para tratar de salvarla pero ya la pobre criatura era como vela encendida por los dos cabos, que se consume en breves instantes. Y, en efecto, se consumió. Tendida en su lecho de muerte, lívida y tan demacrada y delgada que parecía un pajarillo, vinieron los médicos y aseguraron que lo que la arrancaba de este mundo era la rotura de un aneurisma. Ninguno de ellos (tan insensibles he ignorantes) supo adivinar la verdad: ninguno comprendió que la niña se había muerto por cometer la imprudencia de dar asilo en su pecho a un corazón perdido en la calle.


    espero que entiendan la moraleja de esta historia...:(
     

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